PSU 2020: Algunas claves para entender el debate

A la ansiedad típica de este proceso se suman este año establecimientos tomados y demandas por un mecanismo de admisión más justo, con el futuro (y también el presente) de los y las estudiantes como norte.  Hoy, los jóvenes se manifiestan en contra de la Prueba de Selección Universitaria, en el marco de las manifestaciones que comenzaron en octubre.

ESCRITO POR: Comunicaciones Educación2020

A la ansiedad típica de este proceso se suman este año establecimientos tomados y demandas por un mecanismo de admisión más justo, con el futuro (y también el presente) de los y las estudiantes como norte.  Hoy, los jóvenes se manifiestan en contra de la Prueba de Selección Universitaria (PSU), en el marco de las manifestaciones que comenzaron en octubre.

Jóvenes han ayudado a posicionar un diagnóstico, y nos parece que es importante discutir los temas de fondo, pero no compartimos la forma.

Los y las jóvenes han ayudado a relevar esta temática y levantan el cuestionamiento por el tipo de educación, y de sociedad, que queremos, aspecto que desde diversas organizaciones hemos levantado en los últimos años, y en el cual hemos avanzado como país en los últimos años, a través, por ejemplo, de la Ley de Inclusión Escolar, de Nueva Educación Pública y de Desarrollo Profesional Docente. 

Creemos que es importante analizar lo que plantean y compartimos muchos elementos del diagnóstico. Sin embargo, creemos que impedir el funcionamiento de la prueba no es la forma, pues se vulnera el derecho de otros y otras jóvenes, que en muchos casos se han preparado por largo tiempo, y para quienes el resultado de la prueba tiene importantes consecuencias personales. “Queremos una sociedad que cuide y resguarde la dignidad y derechos de todos y todas, especialmente de los niños y jóvenes, y nos parece muy preocupante que la forma de expresar una legítima demanda, implique pasar a llevar a otros de sus mismos compañeros”, señaló Alejandra Arratia, Directora Ejecutiva de Educación 2020. 

En este sentido, nos preocupan los y las estudiantes que no pudieron dar su prueba hoy y aquellos que tampoco la podrán dar mañana, y  creemos que es fundamental buscar las medidas para poder darles tranquilidad y posibilidades para que puedan rendir su PSU de la mejor manera posible, y así no ver interrumpida su trayectoria formativa. 

Por otro lado, nos preocupa profundamente cómo a través de la educación estamos formando las habilidades para vivir en democracia, dialogar y resolver conflictos cuando no estamos de acuerdo. “Lo que ha pasado con la PSU nos muestra que hemos fallado como país en formar estas habilidades ciudadanas para la vida en democracia, para dialogar y resolver conflictos cuando tenemos posiciones distintas, y nos sentimos interpelados a seguir promoviendo los cambios necesarios para avanzar en un sistema educacional más humano y equitativo, donde todos los y las estudiantes puedan desarrollar estos aprendizajes” planteó Arratia. 

Para entender mejor el debate sobre la PSU, aquí dejamos algunas claves:

  1. La historia de la PSU, amplio debate desde su origen.

La Prueba de Selección Universitaria comenzó a rendirse en 2003 a modo de prueba transitoria que buscaba avanzar desde la Prueba de Aptitud Académica (PAA). Su objetivo era generar un mecanismo de acceso a la educación superior que pudiera “alinearse de mejor manera a los contenidos abordados como parte del currículum escolar”, comenta la profesora y coordinadora del Observatorio de Política Educativa, Loreto Jara M.

La PSU buscaba cumplir con el propósito de generar un mecanismo de acceso a la educación superior que al estar alineado a la experiencia formativa del currículum de enseñanza media, avanzara en mayor equidad en relación a la PAA, y a su vez permitía generar información respecto de un currículum recientemente puesto en marcha, avanzando en la evaluación de habilidades que fueran más pertinentes con las exigencias del ámbito universitario. 

Lamentablemente, en palabras de Jara, “nadie podría hoy defender a esta prueba como un mecanismo justo, ya que da cuenta de los sesgos de nuestra educación e incluso exacerba algunos, a pesar de todas las alarmas que se vienen levantando desde su origen, como es el caso de la brecha que perjudica a los estudiantes de Educación Técnica. Aunque no podemos pedirle al sistema de admisión a la educación superior que solucione la desigualdad del sistema educativo, sí podemos buscar una solución que, además de técnicamente sólida, sea lo más justa y equitativa posible, y promueva aprendizajes fundamentales”. 

Aun cuando no hay consenso respecto de si es el instrumento en sí mismo o bien si lo que muestran los resultados de este instrumento es producto de las características del sistema, lo cierto es que los resultados de la prueba presentan sesgos en torno al género, el nivel socioeconómico y la dependencia administrativa: la mayor proporción de puntajes nacionales corresponde a varones (a pesar de que las trayectorias académicas muestran que las mujeres tienen mejor rendimiento); los colegios y/o estudiantes de mayor nivel socioeconómico obtienen mejores puntajes, y el rendimiento de las y los estudiantes de educación técnico-profesional son menores en comparación con sus pares científico-humanistas, lo que se explica porque tienen un currículum diferenciado que no considera las áreas que evalúa la prueba, y por tanto, llegan desde un distinto punto de partida a rendirla. 

  1. Los cambios y mejoras realizadas:

Sin embargo, sería injusto afirmar que no se han hecho cambios en el sistema de admisión a la educación superior. Entre algunos de los elementos que son parte de esta historia de transformaciones, cabría mencionar el Programa de Acompañamiento y Acceso Efectivo a la Educación Superior (PACE), que desde el 2014 genera acciones concretas para que estudiantes de establecimientos de mayor vulnerabilidad, puedan acceder a cupos preferenciales que se abren con universidades en convenio y reciben soporte en su proceso de incorporación a la educación superior. Desde un poco antes se viene incorporando el ranking de notas a las ponderaciones hechas para postular a la educación superior, en un mecanismo que permita considerar el lugar que obtuvo un estudiante en su promoción y otorgándole cierto puntaje a ese lugar, en el entendido que el rendimiento escolar es un buen predictor para la experiencia en la educación superior. 

También se ha modificado la manera de calcular el valor de las notas de enseñanza media (NEM), de manera de considerar las particularidades de ciertos grupos de estudiantes (científico humanista, educación de adultos, técnico profesional). Y, por su parte, las propias universidades están buscando formas alternativas e innovadoras de seleccionar a estudiantes para que ingresen a las carreras que ofrecen. 

Puedes leer más al respecto en esta nota de La Tercera. 

A partir de este año, según la Ley de Educación Superior (Ley 21.091/2018), se aplicarán modificaciones a los instrumentos de evaluación. En este contexto, entre los años 2017 y 2018, el DEMRE desarrolló el proyecto Habilidades y Competencias para la Educación Superior (FONDEF iD16I10090) para la creación de instrumentos de selección y de caracterización de postulantes que puedan enriquecer el espacio de soluciones factibles para el nuevo Sistema de Acceso a la educación superior.

Dichos instrumentos evalúan habilidades y competencias fundamentales, correspondientes a objetivos curriculares centrales, estables en el tiempo y ampliamente compartidos por las distintas modalidades educativas de la educación secundaria desde 7° Básico a 2° Medio. Los instrumentos tienen dos propósitos diferentes: selección y caracterización. Las pruebas de Competencia Lectora, Competencia Matemática y Competencia Científica son de selección; mientras que las de Competencia de Escritura y el Cuestionario de Habilidades Transversales serían para caracterizar a los estudiantes, con el propósito de poder investigar variables predictoras y dar más apoyo a los y las estudiantes.

En la elaboración de los marcos de evaluación de los instrumentos participaron 120 actores del sistema educacional de tres regiones del país (IV, RM y VIII) y se realizaron 10 mesas de trabajo con 150 expertos y académicos. Para el desarrollo de los instrumentos se realizó un proceso participativo de construcción de ítems y dos aplicaciones piloto con 8.987 estudiantes de 4° Medio de 4 regiones.

Los resultados muestran que estos prototipos para nuevas pruebas satisfacen los requerimientos de validez y confiabilidad preestablecidos, además de reducir las brechas de la PSU, en particular por dependencia. Así también, hay una baja en la brecha de las nuevas pruebas de Lenguaje y Matemática entre los estudiantes humanístico-científicos y los técnico-profesionales. 

  1. Las demandas sociales: una educación más humana, justa e inclusiva

Son diversas las voces que han venido levantando la necesidad de una nueva educación para un nuevo Chile, pertinente a los desafíos y necesidades del siglo XXI (especialmente creatividad, pensamiento crítico, colaboración y trabajo en equipo, desarrollo y manejo de las emociones, educación en ciudadanía y valores, etc.), demandas que se han agudizado en la crisis que atraviesa nuestro país desde octubre del 2019, y que se han sumado a la necesidad de resguardar la salud mental de las comunidades y de poner a los seres humanos al centro de los debates y tomas de decisiones.

Desde  esa perspectiva, es de esperar que los cambios que se introduzcan en los nuevos mecanismos de acceso a la educación superior tengan en cuenta estos principios y preocupaciones.

  1. Un mecanismo más justo para ingresar a la educación superior: propuestas  

En Educación 2020 hemos levantado la alerta de la necesidad de mecanismos más inclusivos y justos para acceder a la educación superior. En el Plan Nacional de Educación: 30 prioridades para 2030, propusimos una reforma integral a la PSU y seguimos sosteniendo esta necesidad, considerando los siguientes elementos:
i. Mantener un sistema centralizado de admisión a la educación superior (más que específico de cada universidad), para resguardar la equidad en condiciones y oportunidades.
ii. Baterías de instrumentos inclusivos, que sean universalmente accesibles, sin sesgo; y que amplíen las habilidades en evaluación. Desde esa perspectiva, valoramos los avances hechos por DEMRE hasta ahora, confiando en que resultados preliminares de estas aplicaciones (testeos) dan cuenta de reducción de brechas.
iii. Dos aplicaciones al año, para eliminar tensiones y dar más opciones al estudiantado.

Pero no basta con reformar el mecanismo, también esperamos que las autoridades informen y empoderen a la ciudadanía de forma oportuna ante el gran cambio que se viene, para resguardar el bienestar de los estudiantes y sus familias.

Creemos que es muy importante reflexionar respecto al país que queremos construir, y cómo podemos dialogar respecto a temas en los que tenemos, legítimamente, visiones distintas, por lo que nos parece fundamental reforzar la formación de habilidades ciudadanas en todos los establecimientos educacionales de nuestro país. Es muy importante también avanzar en un sistema de admisión a la educación superior más justo, que no tenga sesgos para la evaluación en un sistema educacional que ha sido estructuralmente muy inequitativo. Finalmente, llamamos a las autoridades a cargo del proceso a hacer el máximo esfuerzo para velar porque los jóvenes rindan la PSU en las mejores condiciones posibles, resguardando los lugares de prueba y otorgando alternativas a aquellos que han tenido dificultades. A las familias y entornos de los jóvenes a acompañarlos y apoyarlos en este proceso, de modo que puedan vivir esta situación compleja sabiendo que cuentan con el cuidado y contención de las y los adultos que los rodean.

 

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