¿Niños y adultos al jardín? Mayor acceso y calidad en la educación parvularia

Probablemente, uno de los mayores consensos científicos es que la infancia es la etapa más significativa. El desarrollo emocional, social y físico en los primeros años de vida impacta directamente en su vida adulta. Sin embargo, más de la mitad de los niños de 3 a 4 años no asiste a la educación Nicole Cisternas, … Continuar leyendo “¿Niños y adultos al jardín? Mayor acceso y calidad en la educación parvularia”

ESCRITO POR: Educación 2020

Probablemente, uno de los mayores consensos científicos es que la infancia es la etapa más significativa. El desarrollo emocional, social y físico en los primeros años de vida impacta directamente en su vida adulta. Sin embargo, más de la mitad de los niños de 3 a 4 años no asiste a la educación

Nicole Cisternas, directora de Política Educativa de Educación 2020, señala que las brechas socioeconómicas que hoy existen en la educación son el resultado de una historia de falta de oportunidades que parten en la cuna. “Tenemos que emparejar la cancha desde la primera infancia, permitiendo que todos nuestros niños y niñas desarrollen su potencial”, dice.

¿Cómo lograr una educación de calidad y universal? La profesional explica que se debe avanzar a una atención flexible. “Hay padres y madres que necesitan una atención de 9 a 18 horas de lunes a viernes, pero hay otra familias que no. Hay quienes requieren de apoyo en el cuidado algunos días de la semana y también hay niños que están al cuidado de sus abuelos. Entonces, debe haber una oferta que se adecúe a las distintas necesidades”, puntualiza.

Pero la flexibilidad no sólo apunta a los horarios, sino también a integrar a las familias. En distintos países han surgido experiencias de programas educativos, que apoyan en la crianza. “Está demostrado que el núcleo familiar es el más relevante en el desarrollo infantil y, por lo mismo, es importante que los papás y mamás tengan las habilidades para desarrollar el máximo potencial de los niños y niñas”, señala Cisternas.

Una de estas experiencias es Better Beginnings, Better Futures (BBBF), programa canadiense que busca fomentar el desarrollo de niños de contextos económicamente desfavorecidos a través del involucramiento de padres y madres. Un estudio reveló que quienes habían sido parte de BBBF eran jóvenes con mayor autoestima, familias con menos problemas de alcoholismo y mayor cohesión vecinal, en comparación a quienes no habían participado.

¿Cómo funcionan estos programas?

A diferencia de los jardines y salas cuna tradicionales, estos modelos no sólo tienen como foco la formación de los más pequeños y pequeñas; también trabajan apoyando a las familias. “Los padres y madres reciben herramientas para estimular a sus hijos e hijas, lo que genera mayor compromiso en el cuidado y fortalece el vínculo afectivo”, indica Cisternas.

Por ejemplo, integrantes del núcleo familiar pueden aprender juegos o didácticas para estimular el desarrollo psicomotor o dinámicas sobre cómo relacionarse desde la motivación y no desde el castigo.

¿Las principales ventajas? La evidencia demuestra que estos programas mejoran significativamente el desarrollo infantil, tanto cognitivo como socioemocional. Pero, además, son un buen camino para prevenir la violencia. “Esto cobra especial relevancia considerando los altísimos niveles de maltrato infantil en nuestro país, que son transversales a todos los niveles socioeconómicos”, dice la directora de Política Educativa.

Pero hay otra razón por la cual estos modelos son una buena alternativa para la realidad nacional, marcada por la segregación socioeconómica. En Chile, la oferta pública en educación parvularia se enfoca en el 60% de la población más vulnerable y, por otro lado, el valor promedio de la mensualidad en un jardín privado es de $250 mil.

“Hay todo un segmento de la población para la cual es muy difícil acceder a la educación inicial por razones económicas. Si la meta es una cobertura total, tenemos que crear espacios donde no haya focalización económica. En esta línea, nuestra propuesta es la creación de Centros de Aprendizaje Familiar (CAF) en todo el país”, dice Cisternas.

¿Qué son los CAF?

Los CAF son espacios que, con una modalidad de puertas abiertas y una participación activa de la comunidad, buscan aumentar la cobertura con calidad, mayor rapidez y a bajo costo. La idea es que se cree un centro en cada comuna, donde las familias puedan asistir en el horario que les convenga y reciban el acompañamiento de profesionales de la educación, en un entorno con materiales didácticos, similar a los jardines convencionales.

“Como fundación proponemos este modelo como un camino para aumentar cobertura, incorporando activamente la participación de las familias. Esto tiene un menor costo, porque se incorpora a los papás y mamás como adultos que también están a cargo del cuidado infantil y que trabajan codo a codo con las educadoras. Entonces se requiere menos personal”, explica Cisternas.

Y concluye diciendo que “nuestra principal tarea como país debe ser asegurar el desarrollo, bienestar y aprendizaje de nuestros niños y niñas. Los CAF son una buena alternativa para lograrlo con la urgencia que requiere”.

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