Gerhard Mornhinweg, músico y director: “La educación pública necesita formación integral basada en las artes”

“Mi objetivo no es formar grandes artistas, es formar gente feliz”, dice Gerhard Mornhinweg en su oficina de director del Liceo Almirante Riveros de Conchalí, y del patio llegan melodías de saxo y trompeta. Gerhard es músico, tiene 42 años y hace 20 es director de la Conchalí Big Band, la primera agrupación de jazz … Continuar leyendo “Gerhard Mornhinweg, músico y director: “La educación pública necesita formación integral basada en las artes””

ESCRITO POR: Educación 2020

“Mi objetivo no es formar grandes artistas, es formar gente feliz”, dice Gerhard Mornhinweg en su oficina de director del Liceo Almirante Riveros de Conchalí, y del patio llegan melodías de saxo y trompeta. Gerhard es músico, tiene 42 años y hace 20 es director de la Conchalí Big Band, la primera agrupación de jazz formada por escolares de distintos colegios públicos de la comuna.

Gerhard estudió música en la Chile, después pedagogía y luego un magíster en educación. Ha hecho clases en colegios y en educación superior. La experiencia le ha mostrado que “el arte es un vehículo de desarrollo integral. Cuando tocas un instrumento, se involucra el espíritu, la parte motriz, la sistematicidad y el trabajo grupal”. Gracias a la integralidad del arte, el director de la Big Band ha visto cómo “pasan muchas cosas”.

Cosas como cerrar brechas. Gerhard está convencido de que la desigualdad de la educación en Chile se debe a su énfasis academicista: mucha matemática y lenguaje, poco deporte y artes. “Un niño del barrio alto tiene dinero y una base integral. Esa falta de formación es lo que afecta la Educación Pública. El arte ayuda a sustituir lo que no entrega la casa y el entorno”.

El arte también es un canal de expresión, señala Rubén Mercado, pedagogo teatral y asesor del Centro de Liderazgo Educativo de Educación 2020. En sus visitas a colegios públicos, ha visto que lo que más demandan los jóvenes es eso: vías de expresión. Sin embargo, “si miras el currículum, las disciplinas artísticas están ausentes. Se habla de educación técnica o científico humanista, ¿pero dónde está la educación artística pública?”.

De director de orquesta a director de colegio

“Con Gerhard soñábamos con un liceo artístico público que incorporara a la Big Band y otras disciplinas artísticas en el currículum”, cuenta Carlos Sottolichio, alcalde de Conchalí. La oportunidad se dio en el Liceo Almirante Riveros. Sin embargo, Gerhard Mornhinweg era vicerrector académico en Projazz. “Hace 15 años que tenía la idea de transformar un colegio. Cuando se dio la oportunidad, la tomé”. Así, el músico se fue del instituto privado al colegio público, con un tremendo desafío.

El Almirante Riveros tiene capacidad para 450 alumnos, pero su matrícula cerró el 2013 con 200. Este año, volvió a repuntar a 400. Como colegio público que no selecciona, sino que acoge, recibió a unos cien estudiantes expulsados por conducta o por ser repitentes frecuentes. “Asumí un día antes del SIMCE. Fue catastróficamente malo, promediaron como 170 puntos. También hay baja PSU. Aquí los estudiantes tienen profundos problemas sociales”, cuenta Gerhard.

Para generar cambios, el director dice que va “con pies de plomo, sin medidas rápidas”. Primero, explicó el nuevo proyecto educativo, menos academicista y más integral, a todos los estamentos: apoderados, profesores y estudiantes. Ya instalado en su oficina, Gerhard generó un ambiente de confianza. “Que mi oficina no dé miedo. Si no me comunico con los jóvenes, la batalla está perdida”.

Luego, ocupó las horas de libre disposición para talleres artísticos: artes visuales, teatro y música. La itinerante Big Band se instaló en el colegio para darle prioridad a esos estudiantes. Tres veces a la semana, la banda ensaya en una sala y el jazz innunda el patio del liceo. Sin embargo, el proyecto no genera el interés esperado. “Los cabros no tienen la culpa, es todo el sistema educativo”, asegura.

Un sistema educativo en el que las artes nunca han estado integradas. “Hice una investigación y descubrí que las horas libres sólo se ocupan en matemáticas para mejorar el Simce. ¿Por qué si no tiene ningún valor agregado?”. Por eso la apuesta del liceo. “Que no pierde su carácter científico humanista, sino que incorpora disciplinas creativas y artísticas”, añade el alcalde Sottolichio.

No es asistencialismo

¿Por qué Gerhard cambió Projazz por el Almirante Riveros, conociendo las dificultades? “Porque predicar desde afuera es demasiado fácil y es lo que hace todo el mundo. La forma de contribuir positivamente es hacerse cargo”, explica al mismo tiempo que enfatiza que el proyecto no es asistencialista. No es el niño pobre que lo salva la música”.

Es algo mucho más profundo que eso, es una convicción. “La única diferencia entre los estudiantes de acá y los de Projazz es la plata. Estos estudiantes sólo podrían estudiar en ProJazz con una beca. Ése es uno de los mayores motivos por los que me vine a trabajar acá, por un tema de ayudar a generar las oportunidades ahí donde no están”, dice.

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