Frente a la crisis social: ¿hacia dónde debe transitar la educación hoy?

Desde Educación 2020 hemos promovido repensar el sentido del sistema educativo, además de enfocarnos en los estudiantes, fomentar la colaboración y abordar en las salas de hoy los desafíos del mañana. Chile lleva más de un mes en una crisis social en la que convergen distintas demandas, cuyo factor común es la desigualdad. Se trata … Continuar leyendo “Frente a la crisis social: ¿hacia dónde debe transitar la educación hoy?”

ESCRITO POR: Comunicaciones Educación2020

Desde Educación 2020 hemos promovido repensar el sentido del sistema educativo, además de enfocarnos en los estudiantes, fomentar la colaboración y abordar en las salas de hoy los desafíos del mañana.

Chile lleva más de un mes en una crisis social en la que convergen distintas demandas, cuyo factor común es la desigualdad. Se trata de una problemática que, junto a muchos otros desde la sociedad civil como Educación 2020, hemos advertido en otras incontables ocasiones. ¿Por qué? Las brechas que se perpetúan desde el sistema educativo ya sea de acceso, económicas, de género o de otra índole pueden tener efectos profundos e irreversibles para los y las estudiantes. 

“Desde nuestra fundación no podemos sino sentirnos convocados a aportar, proponiendo cambios que recojan el clamor de las personas que día a día se manifiestan a lo largo del país como resultado de un estallido social que obedece a años de deudas con la ciudadanía, siendo una de las principales las educativas”, asegura Alejandra Arratia, directora Ejecutiva de Educación 2020, agregando que “no es de extrañar, de hecho, que la educación es una de las tres demandas más sentidas en este movimiento”.

Pero, ¿cómo se ha expresado la desigualdad? En manifestaciones como: la existencia de escuelas para ricos y escuelas para pobres; la educación pública abandonada por el Estado y sujeta a los vaivenes de un sistema de financiamiento que no ha hecho más que precarizarla; la constante presencia de policías en las inmediaciones o al interior de establecimientos educacionales, en una práctica que no sólo vulnera la seguridad de los estudiantes sino que estigmatiza a toda una comunidad educativa; las brechas de género, sólo por nombrar severas problemáticas que afectan a nuestro sistema educativo. 

“Creemos que esta crisis social es una oportunidad para revisar aquello en lo que se debe avanzar, recordando que la reflexión educativa es fundamental, considerando que la forma de  construir un mejor futuro pasa necesariamente por mejorar nuestro sistema educativo”, añade la directora Ejecutiva. 

Pero, ¿qué debe cambiar?

Más allá de las propuestas de políticas públicas que hemos realizado durante años algunas ya materializadas en  leyes que contribuyen a avanzar  en justicia e igualdad para las personas—, creemos fundamental hacer una pausa y reflexionar desde lo principal: el sentido de la educación. En otras palabras, el para qué, por qué educamos y qué tipo de seres humanos queremos formar.

“Desde la fundación venimos impulsando hace mucho tiempo una conversación más sustantiva, con foco pedagógico y centrada en lo que pasa en la sala de clases y otros espacios de aprendizaje. Es una conversación que va mucho más allá de los objetivos de cada asignatura: pasa por la formación integral de personas  dialogantes, capaces de ejercitar el pensamiento crítico y de vivir en comunidades que valoren la diversidad”, asegura Arratia. De esta forma, proponemos una educación:

  1. Más humana

Parte de lo que escuchamos en las manifestaciones y recogemos desde nuestro trabajo en escuelas tiene que ver con la necesidad de una educación más humana, centrada en el estudiante, en sus intereses. Una educación que logre que nunca más un niño de cuarto básico sienta que no puede aprender, ni que uno de octavo piense que la violencia es un mecanismo apropiado para la resolución de un conflicto o que aprobaría una dictadura, como hemos visto.

  1. Más colaborativa, menos competitiva

Necesitamos una educación donde prime la colaboración por sobre la competencia, donde sea posible formar redes de apoyo entre escuelas e incluso entre municipios y regiones. En este mismo sentido, y como ya lo hemos sostenido, también es fundamental que desde el sistema central termine la opresión burocrática y el control que ahoga a las escuelas, de modo de facilitar que se centren en lo más importante: la calidad de los aprendizajes.

  1. Más inclusiva 

Es fundamental que avancemos hacia una educación donde todas las personas importen por igual, más allá de su punto de partida. Una educación donde no exista “el baile de los que sobran” y donde el respeto irrestricto por los Derechos Humanos de todos los integrantes de las comunidades educativas sea explícito. Una educación que supere las diferencias entre el 20% más rico y el 20% más pobre, mejorando incluso la educación de los niveles socioeconómicos altos, cuyos resultados distan mucho de la calidad de la educación de los países que miramos como referentes.

  1. Con mirada a largo plazo

También creemos que las políticas educativas tienen que ser de largo plazo, superando los plazos que imponen las administraciones de gobierno. La educación no puede seguir definiéndose en el corto plazo y estar sujeta a los vaivenes políticos: debe ser materia de Estado. Sólo de esa forma se puede garantizar la persistencia y correcta implementación de las políticas públicas que avanzan a mejorar el sistema educativo. La actual coyuntura abre una puerta para generar un acuerdo nacional respecto a qué educación queremos como país con miras al largo plazo.

  1. Enfocada en los desafíos de hoy y del mañana

A su vez, se requiere hacer ajustes en distintos niveles y modalidades educativas, fortaleciendo el desarrollo de trayectorias educativas que, desde la educación inicial, brinden reales oportunidades de aprendizaje que habiliten al estudiantado a participar de manera activa en la vida social y democrática del país. Para ello hemos propuesto repensar la forma en la que estamos enseñando e incorporar nuevas metodologías pedagógicas que despierten el interés de los estudiantes y les permitan desarrollar habilidades propias de este siglo, como la creatividad, el trabajo en equipo, el pensamiento crítico, entre otras. 

En este sentido, la directora Ejecutiva de la fundación concluye que “la calidad integral de los aprendizajes es la asignatura pendiente y debe ser el eje para la toma de decisiones en los próximos años. Ya no queda espacio para autocomplacencias”. 

Para revisar nuestras 30 propuestas más concretas haz clic en elplande2020.cl.

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