“Fin a la PSU”: El desafío de la educación superior, más allá del mecanismo de acceso

Desde Educación 2020 creemos que los cambios que están proponiendo las autoridades educativas van en la dirección correcta, aun cuando no consideran modificaciones integrales a un sistema que debe ser mirado, precisamente, desde una perspectiva sistémica y no sólo en sus componentes individuales.

ESCRITO POR: Educación 2020

Luego de 16 años de implementación, el Mineduc anunció el fin de la Prueba de Selección Universitaria (PSU), año en que además entra en vigencia su administración por parte de la recientemente creada Subsecretaría de Educación Superior. 

¿Cuáles son los principales cambios que traerá este nuevo escenario?
De diverso orden y con modificaciones que se introducirán de manera paulatina, esto contempla el nuevo instrumento que permita ingresar a la universidad el año 2022: 

  • Prueba de Competencias Lectoras y prueba de Competencias Matemáticas, obligatorias; además de batería de pruebas electivas.
  • Pruebas con 65 preguntas y temarios actualizados y reducidos que busquen evaluar competencias más que conocimientos, evitando las inequidades entre estudiantes científico humanistas y técnico profesionales.
  • La nueva prueba considerará aprendizajes presentes en las Bases Curriculares que se trabajan entre séptimo básico y segundo medio en los establecimientos de todo el país; también en la lógica de reducir inequidades entre estudiantes de distinta modalidad, y entendiendo que conocimientos más específicos podrán abordarse en las pruebas electivas. 
  • Para las ponderaciones y el “peso” que puede tener la prueba en el ingreso a la universidad, se reduce desde un máximo de 50% a uno de 30%, lo que dará más valor a los componentes Ranking de Notas y Notas de Enseñanza Media. 
  • El nuevo sistema, además, permitirá que jóvenes de alto rendimiento escolar puedan postular a las universidades, independientemente del puntaje promedio que obtengan en las pruebas obligatorias; facultará a las universidades para que amplíen su admisión especial, con mayor fuerza en las zonas extremas.

Nuestra opinión: 

Desde Educación 2020 consideramos valioso que se estén generando las modificaciones comprometidas al sistema de acceso a la educación superior, modificaciones que han estado presente tanto en el ámbito legislativo como en la discusión técnica y las demandas sociales levantadas en torno a la necesidad de actualizar dicho sistema. 

Creemos que los cambios que están proponiendo las autoridades educativas van en la dirección correcta, aun cuando no consideran modificaciones integrales a un sistema que debe ser mirado, precisamente, desde una perspectiva sistémica y no sólo en sus componentes individuales. Valoramos las propuestas en torno a lo curricular y a la actualización de los temarios con las definiciones de las Bases Curriculares, lo mismo que la ampliación de las baterías de pruebas electivas y cambios en las ponderaciones, ya que aportan a generar un piso de mayor equidad para el estudiantado. Tal como sugerimos en su momento, sería recomendable que dentro de los cambios se considerara incluir una segunda aplicación al año, de modo de descomprimir la presión de una prueba que tiene altas consecuencias; lo mismo que avanzar en mecanismos complementarios de acceso a la educación superior. En este sentido, consideramos como experiencias valiosas los programas PACE o propedéuticos, que permiten atender una diversidad de escenarios posibles y ampliar componentes de equidad en un contexto caracterizado por lo contrario.  

Tenemos mucho que avanzar en cómo entendemos la relación entre lo que se aprende y lo que se evalúa

Ahora bien, más allá de lo estrictamente técnico y de la discusión específica, creemos que este escenario de cambios y redefiniciones nos ofrece una oportunidad para analizar nuestra educación desde la perspectiva de la trayectoria formativa, a través de los distintos niveles: por un lado, la articulación de la experiencia escolar con la educación superior, y por otro, el valor que tiene la educación terciaria en nuestro país; y el diálogo que se debe establecer entre nuestro modelo de desarrollo y la educación superior y el mundo del trabajo. 

En primer lugar, no podemos arriesgarnos a que tercero y cuarto medio pierdan relevancia dado que los aprendizajes desarrollados en estos cursos no se consideran en la nueva PSU: tenemos mucho que avanzar en cómo entendemos la relación entre lo que se aprende y lo que se evalúa y en cómo poner en valor la experiencia educativa y la generación de aprendizajes, más allá de “si entra en la prueba”. En esa línea, puede ser una buena señal que se aumente la ponderación del ranking en relación a la prueba estandarizada, de modo de relevar otros aprendizajes que se busca promover en la Educación Media.

Por otra parte, es importante que nuestro país vaya dejando de lado la “universititis”: es muy recurrente la idea de que lo más valioso que puede pasar post cuarto medio es avanzar hacia convertirse en “profesional”, idea con la que dejamos de lado proyectos de vida que pueden ser distintos al mundo académico y cerramos la puerta a otro componente fundamental del sistema de Educación Superior: la educación técnica, que es fundamental para el desarrollo del país. Vinculado con esto, finalmente, debemos estar en condiciones de avanzar en conversaciones paralelas: ¿qué educación superior es la que necesita el país dada la situación actual que estamos viviendo? Estamos en un contexto global en que vivimos una triple crisis: medioambiental (megasequía, incendios forestales y pérdida de la biodiversidad), sociopolítica (pérdida de confianza en las instituciones, debilitamiento de las democracias, y en particular en Chile, el estallido social y proceso constituyente) y sanitaria (pandemia del Corona Virus). Estos elementos de contexto -sin contar los cambios que supone el avance de la robotización-  nos sitúan frente a la necesidad de repensar cuáles son las necesidades formativas para nuestro futuro en el corto, mediano y largo plazo, y desde allí, replantearnos cómo responderá a eso el sistema de Educación Superior, técnico y profesional, que tenemos en Chile. 

La discusión recién comienza y desde Educación 2020 creemos que no debe agotarse únicamente en el mecanismo de acceso

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