Estos 7 datos evidencian que NO debemos retroceder en inclusión

A propósito de la discusión en torno a los proyectos que buscan reformar el Sistema de Admisión Escolar, y de la reciente difusión  de un folleto sobre el tema, te presentamos un ‘fact-checking’ respecto a algunas ideas que consideramos que deben ser sustentadas desde la evidencia. Desde la fuerte convicción de que la ciudadanía tiene … Continuar leyendo “Estos 7 datos evidencian que NO debemos retroceder en inclusión”

ESCRITO POR: Comunicaciones Educación2020

A propósito de la discusión en torno a los proyectos que buscan reformar el Sistema de Admisión Escolar, y de la reciente difusión  de un folleto sobre el tema, te presentamos un ‘fact-checking’ respecto a algunas ideas que consideramos que deben ser sustentadas desde la evidencia.

Desde la fuerte convicción de que la ciudadanía tiene todo el derecho a estar informada y que, para ello, el Estado debe comunicar con precisión y transparencia sus propuestas, en Educación 2020 recopilamos datos para contraargumentar algunas de las afirmaciones que se han difundido con el fin de justificar los cambios al actual Sistema de Admisión Escolar (SAE). Creemos que esto les hace un “flaco favor” a las familias, al entregarles información sin evidencia y con un tono que, incluso, resulta atemorizante.

A continuación, presentamos 7 de estas afirmaciones y su respectiva corroboración:

Afirmación 1: “El SAE no considera la afinidad de las familias con el proyecto educativo” (Fuente: Informativo Mineduc).

Hecho: Al ser un sistema centralizado, todas las familias tienen acceso a la información sobre las escuelas y sus proyectos educativos en la plataforma del SAE, que es de uso público. Las familias también pueden solicitar entrevistas o visitar los colegios para conocer en profundidad de qué se trata la apuesta educativa del establecimiento al que desean postular, tal como lo especifica el artículo 7, inciso tercero, de la ley. Con esto se busca resguardar que haya una postulación informada y afinidad con el establecimiento que se elige.

Conclusión: El SAE favorece que las familias puedan optar a las escuelas que sean afines a sus preferencias y en ningún caso están obligadas a postular a proyectos educativos que no las representen.

 

Afirmación 2: “Estos proyectos (derivados de Admisión Justa) apuntan a fortalecer la libertad de los proyectos educativos” (Fuente: Declaración en prensa del Presidente Sebastián Piñera).

Hecho: El SAE en ningún caso restringe la existencia de diversos proyectos educativos. Por el contrario, el actual sistema fortalece la libertad de enseñanza, porque asegura el derecho de las familias a escoger la escuela de su preferencia. Cada establecimiento puede tener una propuesta educativa particular y eso en nada tiene que ver con la selección de estudiantes. De hecho, en la página del SAE (en una sección de mitos versus realidad) se especifica que: “con este sistema los colegios seguirán teniendo autonomía en el desarrollo de sus proyectos educativos y abrirán sus puertas a una educación inclusiva y diversa”.

Conclusión: La libertad de un proyecto educativo no está dada por la selección que, en suma, es homogeneizar al grupo de estudiantes, y en ningún caso puede implicar la discriminación de estudiantes. Por ejemplo, en una escuela con enfoque intercultural en La Araucanía no sólo deben asistir estudiantes mapuche, porque esto se traduce en segregación. En Chile, precisamente, estamos optando por lo contrario: generar un sistema educativo fundado en la inclusión y la valoración de la diversidad.

 

Afirmación 3: “¡El mérito académico merece ser reconocido!” (Fuente: Twitter Mineduc).

Hecho: En primer lugar, pensar que “mérito” es sinónimo de rendimiento académico es erróneo, sobre todo porque la evidencia indica que las notas muchas veces están  asociadas a los recursos (económicos, sociales, culturales) de las familias. De hecho, un estudio del Centro de Justicia Educacional (CJE) de la UC—parte de nuestra campaña La Educación No Es Premioespecifica que las altas expectativas de los padres influyen en el desempeño de sus hijos, por lo cual la noción de mérito, como algo aislado y sólo personal, es ficticia y artificial. En segundo lugar, reconocer el rendimiento académico jamás debe implicar la discriminación de otros estudiantes.

Conclusión: No existen estudiantes de primera, segunda o tercera categoría: todos los niños y niñas del país deben aprender y desarrollar al máximo su potencial a partir de una educación de calidad, independiente de su nivel socioeconómico o de sus notas. La educación de calidad es un derecho, no es un premio por el que se deba competir.

 

Afirmación 4: “El SAE no considera el nivel de asistencia a clases” (Fuente: Informativo Mineduc).

Hecho: Un informe de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile revela que el fenómeno de la inasistencia y deserción escolar es altamente sensible a las características socioeconómicas de las familias, encontrándose claras correlaciones entre el nivel de ingreso de las familias y de quienes desertan. De hecho,  el 60 % más pobre de la población presenta tasas de prevalencia de deserción de entre 11 y 12 %, entre los 15 y 19 años. Este porcentaje disminuye a 5% y al 1,6% en el caso de los quintiles más aventajados.

Conclusión: La asistencia a clases está asociada a factores externos a los niños y niñas, especialmente ligados a la vulneración de sus derechos. Por lo tanto, considerar este aspecto en la admisión escolar es altamente discriminatorio con los estudiantes más desventajados.

 

Afirmación 5: “(Proyectos que buscan cambiar el SAE) ponen en el corazón de la educación pública a la calidad en sala de clases, que es el gran motor para movilidad social”. (Fuente: Declaración en nota de gobierno de Cecilia Pérez, vocera de Gobierno).

Hecho: En primer lugar, ninguno de los proyectos hace referencia a la educación pública. Y en segundo lugar, según la OCDE (2010), en los países donde se selecciona —incluso a los 15 años, 3 años después de lo que se propone en Chile— se observa que los aprendizajes en ningún caso mejoran y que, por el contrario, aumenta la diferencia en el desempeño de los estudiantes, dependiendo de los niveles socioeconómicos de dónde provengan.

Conclusión: Los sistemas escolares realmente exitosos son los que entregan una educación de calidad a todos sus estudiantes, sin que esto dependa de ninguna condición.

 

Afirmación 6: “Más de 48 mil estudiantes no lograron quedar en ningún colegio que estaba entre sus preferencias”. (Fuente: Declaración en CNN de Marcela Cubillos, ministra de Educación).

Hecho:  Según datos del mismo Mineduc, 8 de cada 10 estudiantes ingresó a una de sus tres primeras preferencias gracias al SAE, lo que a todas luces demuestra la efectividad del sistema. De hecho, en prekínder un 69% fue asignado a su primera preferencia y más del 90% en alguna de sus opciones. Y otro dato interesante es que, según el estudio antes mencionado del CJE, con el actual sistema hay un leve aumento de la cantidad de estudiantes —tanto vulnerables, no vulnerables, de bajo rendimiento y alto rendimiento— que accede a colegios de calidad. Ciertamente, existe un 17% de estudiantes que no quedó en sus alternativas, pero esto se debe a la concentración de las postulaciones (familias que optan a pocas escuelas) y no al sistema en sí (ver próxima afirmación). Además, es importante recordar que no existen datos respecto el sistema de admisión anterior, por lo cual también es un avance contar con mecanismos que permitan monitorear lo que ocurre.   

Conclusión: En primer lugar, no hay sistema de admisión perfecto más aun en un país donde existe un problema estructural en cuanto a calidad educativa y desigualdad—. Por otro lado, toda política pública debe ser monitoreada en su implementación y mejorada en caso de ser necesario, pero no parece apropiado desestimar el alto porcentaje de estudiantes que ingresó a una de sus preferencias y retroceder en lo que es la esencia del sistema: mayor inclusión.

 

Afirmación 7: “(Con los proyectos) vamos a recuperar el derecho de los padres de elegir”. (Fuente: Múltiples declaraciones de la ministra de Educación).

Hecho: Con el sistema actual, los apoderados son quienes deciden a qué escuelas postular, según los proyectos educativos. Al proponer el retorno de la selección por rendimiento académico o por criterios que las escuelas escojan, el proyecto del Gobierno apunta precisamente a lo contrario: que los establecimientos sean los que decidan qué estudiantes pueden ingresar a sus dependencias. Un estudio del Centro de Políticas Comparadas de Educación de la UDP revela que antes de la Ley de Inclusión los establecimientos seleccionaban incluso en un 100% a los estudiantes por habilidades, factores socioeconómicos y religiosos, pese a estar prohibido por ley. Además, desde otra arista, un estudio del Centro de Estudios Públicos (CEP) especifica que el problema del actual sistema no es el derecho a elegir, sino la alta concentración de las postulaciones en pocos establecimientos, lo que tiene el efecto de disminuir la probabilidad de que cada estudiante quede en el establecimiento de su preferencia.

Conclusión: Retornar a la selección quita a las familias el derecho de escoger la escuela de su preferencia y abre una ventana para la discriminación por criterios arbitrarios por parte de las escuelas, tal como ocurría en el sistema anterior. Más selección es menos capacidad de elección. Además, antes de la implementación del SAE, no existía un sistema organizado de admisión y los colegios eran los que decidían criterios, los que podían ser de carácter académico, socioeconómico, composición familiar, religión u otras características. Finalmente, la clave para optimizar la elección es mejorar la calidad educativa de los establecimientos e informar mejor a las familias, para que optimicen sus posibilidades.

 

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