Estas cinco evidencias echan por tierra la idea del “mérito” e invitan a la inclusión

A propósito del debut del Sistema de Admisión Escolar en cinco regiones, recordamos por qué la selección académica no tiene valor en sí misma y que el gran mérito de las escuelas es lograr que, en salas diversas, todos los y las estudiantes aprendan. La semana pasada debutó en cinco regiones del país el nuevo Sistema … Continuar leyendo “Estas cinco evidencias echan por tierra la idea del “mérito” e invitan a la inclusión”

ESCRITO POR: Comunicaciones Educación2020

A propósito del debut del Sistema de Admisión Escolar en cinco regiones, recordamos por qué la selección académica no tiene valor en sí misma y que el gran mérito de las escuelas es lograr que, en salas diversas, todos los y las estudiantes aprendan.

La semana pasada debutó en cinco regiones del país el nuevo Sistema de Admisión Escolar que, poniendo fin a la selección, permite avanzar hacia escuelas menos segregadas y más diversas. El nuevo mecanismo comenzó a implementarse gradualmente en cinco regiones desde el 2016 y este año se ampliará al resto del país, excepto en la Región Metropolitana.

De esta forma, los establecimientos que reciben recursos del Estado ya no podrán elegir a sus estudiantes por factores académicos, socioeconómicos o de cualquier otra índole. Eso sí, esto deja fuera a los establecimientos con planes o programas especiales y liceos de alta exigencia, los que podrán mantener una cuota de selección académica de un 30%.

No pocas personas fueron —y algunas siguen siendo— detractoras de este medida, la mayoría de ellas a partir de argumentos que defienden el mérito académico. Pero, ¿es realmente el mérito lo que está detrás de estos proyectos educativos? Aquí te mostramos cinco evidencias de por qué la selección escolar no es tan “meritoria”, como muchos sectores han querido mostrar:

1.- Los establecimientos de “excelencia” no lo son tanto

¿Los estudiantes de excelencia que son seleccionados tienen buenos resultados gracias a sus colegios o a pesar de ellos? Un estudio titulado “Evidencia en las escuelas que piden exámenes en Nueva York y Boston” aborda el “sesgo de la selección” y muestra que el alto rendimiento académico de los colegios más exitosos no se debe a que sean mejores, sino fundamentalmente a que parten con la ventaja de contar con alumnos mejor preparados.

Felipe Coloma, investigador de Política Educativa de Educación 2020, señala que “lo que hacen estas escuelas con sus procesos de selección es asegurarse que sólo lleguen estudiantes con alto rendimiento, que ya tienen características para el éxito académico. El valor agregado que entregan estas escuelas es prácticamente cero”.

De esta forma, la enseñanza de estos colegios poco tendría de “ejemplar” y más bien los buenos resultados responderían a características de los estudiantes. “Estos alumnos tendrían resultados exitosos en cualquier proyecto educativo (…). Por lo tanto, no existe mayor mérito de los establecimientos más que el de atraer a sus familias”, dice Coloma.

2.- Una buena escuela es la que logra que todos y todas aprendan

Vinculado a lo anterior, es posible concluir que un buen establecimiento no es aquel que selecciona y que, por ende, tiene asegurado un buen desempeño de su alumnado. Un colegio realmente de excelencia es aquel que, abriendo las puertas sin distinción, logra que todos y todas sus estudiantes desarrollen su potencial.

“Si hacemos la analogía con una carrera deportiva, no todos los estudiantes parten desde el mismo lugar. Mientras algunos inician la carrera varios metros atrás, hay otros que sin haber comenzado sus estudios llevan varios metros de ventaja. Es el sistema educativo el que debe ‘emparejar la cancha’, logrando que cada estudiante aprenda”, expresa Coloma.

Al respecto, el estudio titulado “Efectividad de los Liceos Públicos de Excelencia en Chile”, del Centro de Investigación Avanzada en Educación de la Universidad de Chile, señala que “la experiencia de los mejores sistemas escolares a nivel internacional da cuenta que las comunidades educativas basadas en la convicción de que todos los niños pueden alcanzar altos niveles de aprendizaje (…) son las que permiten conseguirlo”.

3.- La selección beneficia a un porcentaje mínimo de estudiantes

Incluso si hubiese evidencia que los colegios que seleccionan sí ofrecen una mejor educación, su promoción no sería meritoria. ¿Por qué? Porque, tal como lo señala el estudio de Boston y Nueva York, este modelo beneficia a un porcentaje mínimo de estudiantes y excluye a gran parte de alumnos dotados y desfavorecidos (ver punto 4).

El estudio del CIAE confirma esto, señalando que “aunque se logren mejores resultados académicos para este subconjunto de estudiantes (seleccionados en los liceos de excelencia), ello no implica un mejoramiento del sistema escolar en su conjunto”. Al respecto, el investigador del centro, Juan Pablo Valenzuela, precisa que “cuando se hacen políticas públicas o se aplican ideas como los liceos de excelencia siempre es relevante evaluar el impacto promedio. ¿Me conviene como familia enviar a mi hijo a esa escuela? Sí, porque logrará un mejor resultado. Pero esa es una política que no ve todo el sistema”.

Coloma coincide y agrega que “tenemos que impulsar políticas educativas que apunten a un todo y no sólo a grupos pequeños. Si se logra que sólo un grupo de estudiantes tengan un buen rendimiento y el resto no, definitivamente estamos frente una mala política”.

4.- No todo es “mérito”: el entorno es crucial

Aunque a casi todos nos acomoda creer que nuestros logros son resultados del mero esfuerzo, lo cierto es que hay otros factores que influyen en las trayectorias académicas, siendo uno de los más relevantes el nivel socioeconómico.

En su libro “Privilegio, la construcción de un adolescente de élite”, Shamus Khan, profesor de la Universidad de Columbia, muestra cómo las clases altas explican sus logros académicos desde el mérito, cuando en gran medida son fruto de sus privilegios económicos. “Las pruebas de selección son aquellas con las que los jóvenes de élite se han familiarizado en sus casas y colegios. Por ello, les resulta relativamente sencillo superarlas”, dice Khan.

Esta es una realidad que también se vive en el país. Según el estudio del CIAE, “en Chile la mayor parte de los estudiantes que ingresan a los liceos públicos de excelencia son estudiantes de clase media y media-alta, provenientes principalmente de colegios particulares, tanto aquellos subvencionados como pagados”. En este sentido, Valenzuela añade que “la meritocracia está confundida con el tema de las ventajas familiares, altamente asimétricas”.

¿Es adecuado, por tanto, hablar exclusivamente de mérito? En este sentido, Coloma asegura que en un país como el nuestro, donde hay una gran parte de la población que vive en condiciones adversas, sencillamente no. “Si un niño o niña nace en un entorno difícil, sin recursos económicos ni estímulos, es probable que no tenga las herramientas para desarrollar todo su potencial. Entonces, más que ser un tema de mérito, este es un tema que tiene bastante que ver con las condiciones del entorno”, dice.

5.- El real mérito es aprender en diversidad

Evidentemente, el esfuerzo y la motivación temprana de las personas son elementos que también influyen en los logros que alcancen en sus vidas. Sin embargo estos valores se desarrollan mucho mejor en espacios diversos, donde además se fortalecen aspectos como la empatía y la valoración del otro. “La diversidad contribuye a una educación integral para un mundo que es también diverso”, dice Coloma al respecto.

Contraria a la inclusión, la selección educativa profundiza las diferencias, tal como lo corrobora el CIAE: “La evidencia es consistente en cuanto a que las escuelas públicas altamente selectivas generarían un incremento de las diferencias socioeconómicas en la composición de estudiantes, llevando a una mayor segregación social y cultural”.

“Si queremos una sociedad más inclusiva y justa, debemos avanzar a modelos educativos que no sólo integren desde el punto de vista del acceso, sino también a partir de los procesos pedagógicos. La Ley de Inclusión, específicamente la prohibición de la selección, es un avance importante, pero el gran desafío y mérito es lograr que todos los niños y niñas aprendan”, concluye Coloma.

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