El bullying escolar y su impacto en la comunidad y en los aprendizajes

Problemas de salud mental y baja autoestima son algunas de las consecuencias en los niños, niñas y jóvenes involucrados. Pero, ¿qué pasa con el resto de la comunidad educativa? También experimentan cambios que, incluso, se ven expresados en los resultados de aprendizaje.  No cabe duda que el bullying es uno de los principales problemas de … Continuar leyendo “El bullying escolar y su impacto en la comunidad y en los aprendizajes”

ESCRITO POR: Comunicaciones Educación2020

Problemas de salud mental y baja autoestima son algunas de las consecuencias en los niños, niñas y jóvenes involucrados. Pero, ¿qué pasa con el resto de la comunidad educativa? También experimentan cambios que, incluso, se ven expresados en los resultados de aprendizaje. 

No cabe duda que el bullying es uno de los principales problemas de hoy. Así lo confirmó la semana pasada un estudio realizado por Cadem, que reveló que el 37% de la población chilena ha sido víctima de este tipo de actos. Esta es una cifra no tan lejana a las entregadas recientemente por la IX Encuesta Nacional de la Juventud, que mostró que un 25% de los y las jóvenes ha sufrido algún tipo de violencia física o psicológica, específicamente en su lugar de estudios. Se trata de datos que son particularmente preocupantes, sobre todo si consideramos que, por distintas razones, muchos estudiantes prefieren no denunciar.

Pero, ¿qué consecuencias tiene este tipo de violencia en las escuelas? Sabido es que, en la mayoría de los casos, víctimas y victimarios presentan baja autoestima y problemas de salud mental. Sin embargo, no es mucho lo que se conoce sobre los efectos que existen en las comunidades educativas. Así, precisamente, lo advierte un reporte de la Unicef, titulado “An Unfair Start: Inequality in Children’s Educatión in Rich Countries”, que analizó la realidad de 30 países, revelando que el bullying tiene consecuencias en el aprendizaje de todos los estudiantes que presencian la violencia.  

¿En detalle? En 24 de los 30 países estudiados se observa que los alumnos y alumnas tienen un rendimiento menor cuando prevalece un ambiente de bullying, tendencia que se replica en Chile: los resultados académicos en lectura son un 2% más bajo en las comunidades donde hay violencia y maltrato entre estudiantes. En otros países, como EE.UU, en las escuelas donde prevalece el bullying los alumnos tienen resultados de hasta 1,1% menos en lectura. Una situación similar se observa en Irlanda, donde la diferencia alcanza 1,5% y Suecia, donde es de 1,8%.  

Según Loreto Jara, profesora de Historia e investigadora de Política Educativa de Educación 2020, más allá de los resultados en el rendimiento, lo que resulta más preocupante es que esto es un síntoma de que ambientes violentos afectan el desarrollo pleno de los estudiantes y de la comunidad educativa. “El sistema educativo debe ser un espacio que forme seres humanos empáticos, conscientes de su entorno, con habilidades para desenvolverse bien en el mundo y que construyan una mejor sociedad. Sin embargo, las expresiones de violencia, que pueden venir desde distintos integrantes de la comunidad y que pueden ser expresión de problemas estructurales y muy complejos, impiden que los establecimientos cumplan su rol formador fundamental”, asegura.

En esto coinciden Daniela Trucco y Pamela Inostroza, ambas profesionales de la Comisión para América Latina y el Caribe (CEPAL). En específico, en su estudio plantean que “el hecho que niños y niñas enfrenten espacios y entornos escolares violentos vulnera su derecho a crecer y desarrollarse en espacios libres de violencia (…). Este tipo de ambientes vulneran la oportunidad de contar con un espacio escolar protegido, cuyo propósito esencial es formar a personas íntegras, capaces de participar como ciudadanos en sociedades democráticas y abordar los conflictos de manera pacífica”.

En el mismo trabajo, las autoras señalan que el caso más destacable respecto a los efectos de la violencia en el aprendizaje es el chileno: “Cuando se observa, por ejemplo, la asociación con resultados en ciencias, todos los indicadores de violencia se asocian a una baja en rendimiento. La relación más fuerte se da cuando existe un ambiente de aula violento a nivel de escuela; si los estudiantes de una misma escuela declaran mayores niveles de violencia en la sala de clases, su puntaje se ve disminuido en 38 puntos. Esto remite nuevamente a que más que una experiencia individual de un estudiante, este es un fenómeno que interpela a la institución educativa y al modo en que se gestionan las relaciones al interior de la escuela”.

Esta situación ya era advertida por la Revista CEPAL del 2011, donde se señalaba que el maltrato se había convertido en un factor negativo que afectaba el bienestar de cada uno de los miembros de la comunidad educativa. De acuerdo al mismo documento, un 45% de los escolares sostenía que los hechos de violencia les impedía concentrarse en sus estudios y los estudiantes que se encontraban en ambientes con maltrato físico o verbal obtenían peores desempeños en Lenguaje y Matemática. En ese entonces, Chile, Ecuador, Brasil y Nicaragua eran los países donde los estudiantes veían más resentido su desempeño en esas asignaturas, independiente de su papel en el maltrato escolar. 

Para Jara estos antecedentes “reafirman que el buen trato y bienestar son condiciones esenciales para generar aprendizajes de calidad, con sentido. El clima de convivencia escolar impacta tanto en el bienestar y desarrollo socioafectivo de los estudiantes como en la conducta, disposición y rendimiento de los distintos actores de la comunidad educativa”.

En esto coincide Michelle Olguí, psicopedagoga y jefa de Proyecto en Educación 2020, quien añade que para que los niños, niñas y adolescentes aprendan más y mejor, son necesarias ciertas condiciones básicas como la seguridad y la protección física, moral y social. “Cuando se crean estos espacios, los alumnos pueden desarrollar habilidades como el respeto y la resolución de problemas. Sin embargo, cuando los estudiantes viven directa o indirectamente situaciones de bullying y violencia escolar, se empobrecen los espacios de convivencia y eso afecta a todos los que interactúan en la comunidad escolar”, añade.

Por otro lado, también hay efectos a largo plazo, según Jara. “Existe la peligrosa posibilidad de que el daño que puedan tener estos estudiantes por efectos directos o indirectos del bullying puedan repercutir en su crecimiento y desarrollo como personas, incluso influir en los posibles patrones de crianza de sus hijos o hijas. Así estaremos reproduciendo un circuito de daño muy difícil de reparar. El acoso escolar tiene efectos psicosociales en quienes violentan, en quienes sufren de violencia y en el entorno. Esto es un problema serio, al que hay que poner solución a la mayor brevedad posible”, dice. 

¿Cómo prevenir y abordar el bullying?

Lo primero, según Jara, es tener el concepto claro. “Si tendemos a pensar que toda broma pesada constituye bullying, podemos caer en sobreestimar el problema. Y si, por otro lado, entendemos que conductas de hostigamiento permanente obedecen nada más que a bromas pesadas, lo estaremos subestimando. Entonces, es fundamental tener claridad en el concepto y estar atentos a sus manifestaciones y frecuencia”, advierte.

La profesional agrega que siempre es importante abrir espacios de conversación con los niños, niñas y jóvenes al interior de la escuelas, considerando perspectivas de género e interculturalidad. Y agrega que “debemos avanzar en educación emocional y fomentar la certeza de que esta sociedad se construye entre todos y que, desde ese sentido colectivo, es impresentable dañar a otros por ser diferentes”.

Añade que abordar temas de violencia escolar requiere del “fortalecimiento de los equipos multidisciplinarios para atender temáticas de convivencia escolar y desarrollo psicosocial de los estudiantes”. Y concluye que también es fundamental avanzar en la innovación pedagógica: “Uno de los hallazgos que hemos detectado en nuestro trabajo con escuelas es que el desarrollo de estrategias pedagógicas distintas mejora la confianza, el autoestima de los estudiantes y la relación que existe entre ellos y sus profesores”.

 

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