Educación técnica en la reforma

Columna de Patricio Carrasco, investigador del área de Política Educativa de Educación 2020. Publicada originalmente en La Segunda. El terreno de la actual reforma educativa ha tenido más oscuros que claros: críticas, polarización de los ánimos y tergiversaciones de su sentido provenientes de todos los sectores políticos. Son entendibles las diferencias de opinión en esta … Continuar leyendo “Educación técnica en la reforma”

ESCRITO POR: Educación 2020

Columna de Patricio Carrasco, investigador del área de Política Educativa de Educación 2020. Publicada originalmente en La Segunda.

El terreno de la actual reforma educativa ha tenido más oscuros que claros: críticas, polarización de los ánimos y tergiversaciones de su sentido provenientes de todos los sectores políticos. Son entendibles las diferencias de opinión en esta primera fase de la reforma, sobre todo de una reforma tan grande y ambiciosa; sin embargo, poco se ha hablado de la educación técnica.

Hay que considerar que la reforma educacional no se acaba ni se completa con el proyecto de ley que pone fin al lucro, la selección y el copago, sino que abarca mucho más, y ojo que dentro de la reforma también está la educación técnica. El anuncio de la creación de centros de formación técnica públicos y regionales, la ampliación de una mesa temática de educación técnica, la preocupación por esta formación en la agenda corta de educación y la visión de establecer los primeros consejos regionales de formación técnica son también parte de esta reforma.

El gran valor de esta voluntad de cambio no es precisamente satisfacer la demanda de capital humano. Es valorable, sobre todo porque favorecería a una cantidad importante de estudiantes (casi la mitad de los que egresan de la enseñanza media y la mitad de los que ingresan a la educación superior), colaboraría al desarrollo íntegro de jóvenes que por lo general provienen de los sectores más vulnerables, empoderaría las sinergias y los mecanismos de participación e incidencia de actores regionales, y permitiría consolidar un tejido colaborativo entre la sociedad, el Estado y la empresa. Las implicancias de establecer un sistema articulado de formación técnica profesional significan mejorar la calidad de la educación y un cambio de paradigma sobre cómo se entienden y hacen las regiones.

La desesperanza aprendida de la educación técnica que ha persistido por cuarenta años hoy vive una oportunidad única para cambiar; para ser, de verdad, una oportunidad para millones de jóvenes. Si bien lo que hay actualmente no es suficiente, confiamos en que podemos aportar más.

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