Celulares en clases: ¿Obstáculos o potenciales aliados en el aprendizaje?

A raíz de una consulta impulsada por el Gobierno, la discusión sobre los efectos de la tecnología volvió a ser parte de la agenda. ¿Nuestra posición? En un mundo hiperconectado, oponerse al avance tecnológico tiene más desventajas que beneficios. Chile lidera el uso de teléfonos inteligentes en Latinoamérica, realidad que se observa incluso a muy … Continuar leyendo “Celulares en clases: ¿Obstáculos o potenciales aliados en el aprendizaje?”

ESCRITO POR: Comunicaciones Educación2020

A raíz de una consulta impulsada por el Gobierno, la discusión sobre los efectos de la tecnología volvió a ser parte de la agenda. ¿Nuestra posición? En un mundo hiperconectado, oponerse al avance tecnológico tiene más desventajas que beneficios.

Chile lidera el uso de teléfonos inteligentes en Latinoamérica, realidad que se observa incluso a muy temprana edad. De hecho, a pocos les resulta extraño que niños de dos o tres años tengan ya un manejo de este tipo de tecnología, incluso sin saber leer ni escribir. En este sentido, un estudio de la Universidad de Los Andes corrobora este fenómeno y precisa que actualmente más de un 70% de los y las estudiantes menores de 10 años tienen un teléfono. Pero eso no es todo: el mismo porcentaje declara haber usado estos aparatos en la sala de clases.

Considerando esta realidad, el Ministerio de Educación abrió una encuesta dirigida a apoderados, directores y profesores, con el objetivo de conocer su opinión respecto al uso  de teléfonos móviles por parte de los y las estudiantes en los establecimientos educacionales. Al respecto, Michelle Olguí, psicopedagoga y jefa de Proyecto de Educación 2020, manifiesta que “valoramos que se le dé importancia al tema a través de este proceso participativo. Esperamos que la opinión que surja de esto sea considerada y también creemos que sería muy positivo oír la visión de los y las estudiantes sobre el tema, saliendo de nuestra visión adultocéntrica”.

Entonces, ¿qué hacer en un contexto donde estos aparatos se han instalado socialmente? La profesional de Educación 2020 asegura que más que prohibirlos en las escuelas, el mejor camino es orientar su uso para aprovechar su potencial educativo. 

Utilizarlos con una herramienta para aprender

Ante la consulta de si los teléfonos son distractores, Olguí es enfática: “si el profesor está haciendo una clase tradicional y los estudiantes están ‘pegados’ al teléfono, por supuesto que esto puede tener consecuencias negativas”. Sin embargo, agrega que existen distintas formas de incorporar el celular en el proceso de aprendizaje. “Por ejemplo, en metodologías como Aprendizaje Basado en Proyecto o Redes de Tutoría, el teléfono es la herramienta de indagación que tienen los estudiantes para profundizar en los aprendizajes. La tecnología, siendo bien usada, puede ser una aliada en este proceso”, expresa.

Además, la psicopedagoga advierte que es importante que el país avance en una política integral para impulsar la educación digital, que permita una mejora de la calidad de los aprendizajes. “Estudios muestran que el buen apoyo docente en el uso de las tecnologías puede marcar la diferencia en la experiencia educativa de los y las estudiantes”, dice. 

Innovar más

La educación chilena debe avanzar hacia nuevas formas de enseñanza, de modo de aprovechar las tecnologías de la información y la comunicación a través de la promoción, investigación y masificación de innovaciones pedagógicas.

En esto se debe superar la idea de que la tecnología se tiene que ‘añadir’ a la enseñanza tradicional, de modo de avanzar hacia metodologías que involucren la educación digital como un componente fundamental. “Incorporar la tecnología no necesariamente es innovar. La verdadera innovación se da cuando a través de estas herramientas se promueve un aprendizaje profundo, que pone el centro en el estudiante, que permite desarrollar su autonomía y su pensamiento crítico”, precisa Olguí.

Olguí añade que, por ejemplo, es posible incorporar aplicaciones a través de las cuales los estudiantes puedan acceder a contenidos y que, de esta forma, el docente se dedique mayormente al desarrollo de las habilidades cognitivas.

Mejorar la preparación de los y las docentes en este nuevo contexto

Vinculado a lo anterior, la especialista destaca que “actualmente tenemos la información en prácticamente segundos, haciendo un solo clic, por lo cual también existe el desafío que los y las docentes pueden adaptarse a estas nuevas formas de acceder al conocimiento y centrarse en las habilidades del siglo XXI”. 

En este sentido, agregó que efectivamente los y las estudiantes son “nativos digitales”; sin embargo, muchas veces su conocimiento se centra en las redes sociales u en otras aplicaciones, pero desconocen, por ejemplo, cómo discriminar una fuente legitimada de una “fake news”. “Por eso es crucial que los y las docentes sean guías, educando desde una perspectiva crítica y responsable no sólo sobre la pertinencia de los contenidos, sino también sobre su uso y eventuales repercusiones en otras personas, con el fin de prevenir prácticas como el ciberacoso”, asegura.

 

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