Educación de mercado y el cierre de universidades

14 Mar
Educación de mercado y el cierre de universidades

Este es el resultado de instalar “el mercado” en la educación superior, de permitir el crecimiento de centenares de nuevas instituciones con una regulación laxa y una exigua fiscalización. 

Columna escrita por Mathias Gómez, investigador de política educativa de Educación 2020 y publicada originalmente en El Mostrador.

Pensemos en una panadería. Si este negocio baja su calidad o derechamente lo hace mal, perderá clientes y en algún momento tendrá que cerrar. Los clientes de esta panadería buscarán otro local, sin que esto sea un problema mayor. Aunque parezca increíble, varias décadas atrás se pensó que las universidades y toda la educación superior podía funcionar de la misma manera.

ARCIS, UCINF, y ahora último la Iberoamericana son las últimas de una larga lista de universidades, sobre las que ronda el fantasma del cierre. El cierre de instituciones es la regla general de un sistema de educación superior donde se piensa que las instituciones son panaderías. Antes fueron las universidades de La República y Del Mar, posiblemente mañana serán otras que sabemos que tienen problemas financieros como la de Las Américas. A veces esta situación puede detonarse de manera anticipada y más dramática cuando se le suma una mala gestión de las instituciones, pero lo cierto, es que no hablamos de casos excepcionales. Incluso, la situación puede ser peor en la educación técnica -CFTs e IPs- donde en general problemas tienen menos repercusión y los afectados están más invisibilizados.

Este es el resultado de instalar “el mercado” en la educación superior, de permitir el crecimiento de centenares de nuevas instituciones con una regulación laxa y una exigua fiscalización. Es lo que ocurre cuando tenemos un sistema de acreditación voluntario y además sin estándares mínimos comunes, donde por cierto es una vergüenza que aún existan instituciones que no estén acreditadas. Es el resultado de que no haya regulación financiera en el sistema.

A diferencia de los clientes de una panadería, los estudiantes la educación superior están capturados. No pueden llegar y cambiarse. Entre otros problemas, dependen de la voluntad de la institución que los recibe para que les reconozcan los estudios previos, sin mencionar que muchas veces entran a una nueva carrera ya cargando una pesada deuda. Hay instituciones que incluso son compradas aprovechando su último activo “rentable”: sus estudiantes.

Los estudiantes no son culpables de esta situación. Este es un problema sistémico y no debe corregirse caso a caso, sino que haciendo cambios estructurales. Es necesario convertir el actual el sistema de acreditación en un verdadero y obligatorio sistema de aseguramiento de la calidad para todas las instituciones. Es vital crear una superintendencia con atribuciones claras para auditar y monitorear el estado administrativo y financiero de las instituciones. Un marco nacional de cualificaciones es imprescindible para los estudiantes que decidan cambiarse puedan ver reconocidas las competencias que adquirieron.

El foco de la discusión debe centrarse en los estudiantes. Debemos garantizar que todas las instituciones que funcionan sean de calidad y con proyectos que sean sostenibles en el tiempo. Por otro lado, para los estudiantes que lamentablemente terminaron matriculados en instituciones “COPEVA” -parchadas por todos lados pero insostenibles- debemos garantizarles que puedan terminar sus estudios en una institución de calidad.

Estas son medidas mínimas que deben implementarse en el sector. Sin estos cambios seguiremos viendo a miles de estudiantes año a año perder sus estudios, sus recursos, su vida y sus sueños.

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