Columna: ¿Hasta cuándo podremos continuar estudiando bajo el mismo modelo?

12 Jun
Columna: ¿Hasta cuándo podremos continuar estudiando bajo el mismo modelo?

Si tanto profesores como estudiantes trabajan por llegar a la meta de completar un proceso formativo, ¿cuál es el nuevo acuerdo que se requiere para que este proyecto tenga sentido para ambas partes? 

Columna escrita por Miriam Molina Martínez
Directora del Complejo Educacional La Granja, de Vilcún
Publicada originalmente en El Dínamo

Nuestro liceo tiene 63 años de vida y está en la entrada de Vilcún, en una localidad llamada Cajón. Para Vilcún, La Granja es el establecimiento educacional más grande de la comuna, con 734 estudiantes desde prekínder hasta cuatro medio. Para Cajón, La Granja es el punto céntrico de la comunidad, es la referencia obligada de cualquier domicilio, es la casa de estudios de los hijos, de los familiares, de los amigos y de uno mismo. La Granja ha vivido los procesos de reformas educacionales, desde la obligatoriedad de la educación básica, pasando por la municipalización, la reforma curricular de los 90, con su jornada escolar completa; y, en la actualidad, vive el desafío de esta reforma que busca mejorar la calidad con inclusión.

En estas circunstancias, en noviembre de 2016 el Complejo Educacional La Granja de Vilcún fue invitado por Educación 2020 a participar del proyecto “Redes de tutorías”. Sin pensarlo dos veces aceptamos, porque como comunidad educativa habíamos llegado a la conclusión que necesitábamos “con urgencia” un cambio. Queríamos proyectarnos a la comunidad con una imagen renovada, más acorde a los nuevos tiempos: que nuestro colegio se transformara en un espacio donde los profesores quisieran venir a trabajar, que fuera una escuela donde los niños, niñas y jóvenes se sintieran orgullosos de pertenecer y, sobre todo, se sintieran felices.

¿Por qué la urgencia de innovar? Porque los profes y las familias de hoy tenemos la misión de formar una generación con gente de otro planeta. Nuestros niños y niñas ya no son como antes y esto no es cliché. No estamos hablando de cuando nuestros abuelos o padres decían estas palabras, haciendo referencia a los cambios conductuales propios de cada época y que se relacionaban con las modas, los bailes, la música y algunas formas nuevas de comunicarse y relacionarse. En lo sustantivo el mundo seguía los mismos patrones de siglos. Había gente que mandaba y otros que obedecían; la obediencia era un valor. Había adultos que conocían la vida y jóvenes inexpertos que debían seguir los saberes de sus mayores, replicando los modelos: el adulto era respetado y mientras más conocimiento tenía, mayor era la admiración.

En la actualidad, los niños, niñas y jóvenes están inmersos en una realidad colmada de estímulos: internet, redes sociales, juegos electrónicos, la moda, la música, los grandes eventos, las mega tiendas, la inmediatez de las comunicaciones y un mundo de relaciones interpersonales. Estos mismos niños son quienes vienen a diario a nuestras aulas, a clases con profesores que fuimos formados bajo el modelo de transmisión de conocimientos, desde uno que sabe -el profesor-, hacia otro que aprende -el estudiante-. Pero los niños de hoy disponen de variadas fuentes de conocimientos y el profesor, aunque sea una enciclopedia, no puede competir con internet, con la rapidez de la búsqueda y con la actualización constante del conocimiento.

En este contexto el rol del profesor ha cambiado. Es claro que no se requiere de un dueño del conocimiento, cuando el conocimiento cambia todos los días y que con esa misma velocidad internet se encarga de ponerlo al servicio de todos. No obstante, los profesores se esmeran por cumplir con el currículo: planifican sus clases, buscan información, preparan sus pruebas, las corrigen, entregan sus evaluaciones y vuelven a comenzar. Durante las clases, controlan la disciplina, observan la asistencia, revisan los trabajos de sus estudiantes, van conociendo a cada cual y sus características, procuran diversificar sus estrategias, informan a las familias las problemáticas particulares, buscan ayuda en especialistas para apoyar a quienes requieren atención especial, en fin, son muchos esfuerzos que parecen no llegar a sus estudiantes, quienes se muestran aburridos, desinteresados y apretando los dientes para aguantar hasta el recreo.

Desde la perspectiva de alumnos y alumnas, asisten día a día a las aulas y clase tras clase permanecen sentados en sus bancos, los mismos que recibieron el primer día de marzo. Durante sesiones de 90 minutos escuchan a sus profes, a ratos toman nota, a ratos trabajan en un libro de texto, leen y, con suerte, a veces les toca preparar un trabajo en grupo. El recreo es la gran esperanza y los celulares son un refugio para el aburrimiento.

Éste es el gran desafío que enfrentamos hoy los profesores. Valoramos el esfuerzo de nuestros estudiantes para continuar en las aulas, por mostrarnos respeto e incluso afecto, a pesar de esta forma de hacer la clase, que a todas luces, son las formas del pasado. Si tanto profesores como estudiantes trabajan por llegar a la meta de completar un proceso formativo que certifica que con una licencia de cuarto medio, entonces ¿cuál es el nuevo acuerdo que se requiere para que este proyecto tenga sentido para ambas partes? ¿Cuál es ese cambio que se espera en las aulas? ¿Hasta cuándo podremos continuar trabajando bajo este modelo? La respuesta es que es urgente cambiar. De no hacerlo estamos limitando las posibilidades de aprendizaje de nuestros alumnos y alumnas. No aprenderán lo que deben aprender y no adquirirán las competencias que reclama esta nueva era y se encontrarán con que las oportunidades de la educación superior y del mundo del trabajo siguen siendo para otros.

Cuando Educación 2020 tocó nuestra puerta, La Granja estaba en esta reflexión, ávida de aprender y probar nuevas metodologías. Nos hablaron de las Redes de Tutorías, donde cada integrante de una comunidad educativa puede llegar a ser tutor, donde cualquiera puede ser tutorado. Nos comentaron y nos mostraron experiencias realizadas en distintas tutorías, cuyos factores comunes son que se reconoce la diversidad y que se generan situaciones de aprendizaje, siguiendo la trayectoria de cada quien. Vimos que se consideran los aspectos emocionales que están a la base de cada aprendizaje y que es fundamental que cada aprendiz reflexione sobre cómo aprende y reconozca sus potencialidades. Esto nos fue encantando y reconocimos una forma eminentemente humana, a la medida de los tiempos. En esto estamos, dispuestos a tutorar y ser tutorados, trabajando para viralizar esta metodología y transformar a nuestro establecimiento en un lugar donde el aprendizaje es para todos y todas.

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