Columna: Cierre escuelas públicas

01 Mar
Columna: Cierre escuelas públicas

La solución no está en cerrar escuelas y desestabilizar familias, sino en apoyar, sancionar y/o despedir al sostenedor y/o los directores, y sustituirlos por personas con el liderazgo, compromiso y capacidad de innovación pedagógica para recuperarlas, sí o sí. 

Columna escrita por Mario Waissbluth, fundador de Educación 2020
Publicada originalmente en La Tercera.

La agencia de la Calidad entregó los resultados de la ordenación exigida por la Ley de Aseguramiento de la Calidad. En estas categorías de desempeño los resultados Simce pesan 67% (aunque se entregan ajustados por el nivel socioeconómico de los alumnos).

Con todo, es una categorizacion sobre conocimiento curricular, no sobre creatividad ni formación integral. Tampoco considera la condición psicosocial de los alumnos. Se computa igual en una comuna con drogas y balaceras que en Las Condes. 

60% de las 600 escuelas que quedaron en nivel “insuficiente”, con riesgo de cierre en cuatro años más si sus resultados no mejoran, son públicas, donde se han ido hacinando la mayor parte de los alumnos con problemas, gracias a los “descremes” aplicados por 30 años.

Para intentar evitar esta muerte semisúbita, la Agencia de la Calidad, la Superintendencia y el Ministerio de Educación realizarán visitas de inspección y apoyo técnico, un esfuerzo que sin duda aportará, pero algunas visitas no podrán cambiar una cultura de “desesperanza aprendida” por años, con sostendores politizados, funcionarios poco calificados y, probablemente, directivos escolares mal o no seleccionados, contratados por compadrazgo a pesar de concursos, y ahora con esta espada de Damocles sobre sus cabezas, con la comunidad asustada. Si usted fuera un buen profesor, ¿se iría a trabajar a una escuela que está esperando la silla eléctrica?

Una escuela no existe en el vacío. Está administrada por un sostendor municipal (muchos malgastan o no gastan toda la subvención preferencial) y está dirigida por un director. Ese es un grave error de la Ley: hace caso omiso del contexto. La solución no está en cerrar escuelas y desestabilizar familias, sino en apoyar, sancionar y/o despedir al sostenedor y/o los directores, y sustituirlos por personas con el liderazgo, compromiso y capacidad de innovación pedagógica para recuperarlas, sí o sí. La Ley debe cambiar.

El origen primigenio de este drama está en la municipalización de los 80. De 2004 a hoy las escuelas públicas han perdido 600 mil alumnos, lo que equivale a mil millones de dólares anuales de ingresos por asistencia.

Las elecciones municipales no se ganan ni pierden en base a los resultados del Simce. Hay alcaldes que se preocupan y lo hacen bien. Los que no se preocupan, lo hacen mal y contratan a sus compadres. Total, que se frieguen las familias, alumnos, y finanzas escolares. Algunos hasta tienen la patudez de ser dueños de escuelas particulares en su comuna. El Mineduc atado de manos por ley, no puede hacer nada al respecto.

De ahí que es crucial revertir el grave daño: la municipalización. Por ello urge aprobar la Ley de Nueva Educación Pública, para crear la figura de sostenedor local, mucho más profesionalizado. Estos entes, de giro único, serían los encargados de apoyar las escuelas en lo administrativo, financiero y pedagógico. El Ministerio debe tener además, aunque sea a distancia, la capacidad de intervenir o exigir rendición de cuentas en caso de que estos nuevos sostenedores cometan francos desaguisados financieros o educativos. Esto no es “intervención estatal”, es mero sentido común, y así se hace en países sensatos.

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